jueves, 3 de marzo de 2011
Inscripción 2011 - Taller de Teatro de la UNMdP
viernes, 25 de febrero de 2011
"La sociedad como reflejo del temor" Nota en Diario El Atlántico
Texto de la nota en "El Atlántico".
Con dos nominaciones a los Premios Estrella de Mar, y una mención especial del Premio José María Vilches, el espectáculo “El miedo en tiempos de lluvia” del director Antonio Mónaco se presenta por última vez en esta temporada de verano, desde las 22, en el Centro Cultural “El Séptimo Fuego” -Bolívar 3675.
“Cuando una sociedad enferma de miedo, la desconfianza se escribe con mayúscula y ocupa, inescrupulosa, el lugar de la solidaridad”, de esta manera se describe la obra basada en los textos de “Terror y Miseria del Tercer Reich”de Bertolt Brecht.
Este año conforma la segunda temporada de “El miedo en tiempos de lluvia”, la cual corresponde a una de las obras que forman parte del Teatro de la Universidad Nacional de Mar del Plata, dependiente de la Secretaría de Extensión del Rectorado.
Ante un nuevo ciclo de exitosas presentaciones, Antonio Mónaco le contó a El Atlántico que “el público nos acompañó mucho” debido a que “el boca a boca funcionó notablemente, porque de otra manera no podríamos haberlo sostenido”.
“Estamos muy satisfechos”, continuó el director y aseguró que “en el invierno estaremos haciendo una función mensual”.
La obra está basada en los textos de “Terror y miseria del Tercer Reich”, de Bertolt Brecht, donde “se hace un análisis muy crudo y piadoso de las miserias del ser humano cuando está sometido por el miedo”, resumió Mónaco.
“Se nos ocurrió que era un buen momento de la argentina para hacer este espectáculo”, reconoció el también actor al considerar que “analizando un poco la situación que vive el país, creemos que hay una intención clara de instalar el miedo entre los argentinos”.
“Nosotros nos preguntamos por qué una sociedad debe ser sometida al miedo”, profundizó Mónaco y entendió que “la respuesta que surge es muy clara: cuando una sociedad esta sometida al miedo, este ocupa de un modo escrupuloso el lugar de la solidaridad”.
“Cuando uno esta ocupado en mirar con desconfianza al vecino, al que tiene al lado, al que tiene al costado o atrás, no puede unir miradas conjuntas hacia el futuro, y hacerlo mejor”, continuó el director.
“Creemos que cuando una sociedad esta sometida a una campaña de miedo y a hacernos creer que no podemos vivir con confianza, lo que en realidad están haciendo es evitar que nos juntemos para mirar al futuro”, finalizó Mónaco al respecto del contenido de la obra.
-¿Cuáles son los reflejos del miedo que más se destacan en esta obra?
-El miedo planteado desde el punto de vista político. En la obra original es el temor que se instala en la gente a través del pre-nazismo .La historia transcurre en la Alemania del 33. Una pequeña familia sometida al miedo político es capaz de mostrar las peores cosas de si mismo. Por ejemplo un matrimonio de abuelos que llegan a pensar que su pequeño nieto de 9 años los ha delatado para que sean encarcelados. Esas terribles expresiones del ser humano que solo nacen a partir del miedo.
- ¿Cuál es el mensaje final de la obra?
- Sepamos a que nos exponemos si estamos sometidos al miedo.
Esta temporada “El miedo en tiempos de lluvia” fue nominado para los Premios Estrella de Mar como Mejor Espectáculo Marplatense y Mejor Actriz Marplatense por Silvia de Urquía.
Antonio destacó la respuesta del público a la cual calificó de “excelente” y entendió que la propuesta que dirige, “es muy conmovedora y uno tiene la sensación de que la gente comparte la historia”.
miércoles, 23 de febrero de 2011
Última Función de la temporada
martes, 1 de febrero de 2011
lunes, 31 de enero de 2011
Premios Estrella de Mar 2011
domingo, 21 de noviembre de 2010
Segunda Temporada de El Miedo en Tiempos de Lluvia
martes, 21 de septiembre de 2010
Primavera

sábado, 11 de septiembre de 2010
Próxima Función - Dramatiza
jueves, 26 de agosto de 2010
"El Miedo en Tiempos de Lluvia" en Uniart

jueves, 29 de julio de 2010
Próximas Funciones - Viernes 27
martes, 11 de mayo de 2010
Teatro de la Universidad - Espectáculos anteriores
300 Millones
de Roberto Arlt. (1992)






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Ritos del Alma
de Antonio Monaco (1996/1997/1998)
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Visitade Ricardo Monti (1999/2000)
Antonio Mónaco, Pedro Benítez.
Claudia Iglesias, Silvia de Urquia, Alejandro Arcuri.
Claudia Iglesias, Alejandro Arcuri, Pedro Benítez.
Silvia de Urquia, Pedro Benítez, Antonio Mónaco.***


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Las Troyanas
Antonio Mónaco, Silvia de Urquia.
Laura Giménez, Milagros Álvarez Larrondo, Silvia de Urquia, Agustina Anzoátegui.
Alejandro Arcuri, Laura Giménez, Milagros Álvarez Larrondo, Silvia de Urquia, María Silvia González, Karina García, Agustina Anzoátegui.El Miedo en Tiempos de Lluvia
Damián Chiurazzi, Agustina Anzoátegui
Lautaro Padín
Silvia de Urquia, Antonio Mónaco, Agustín Barovero, Simón Koch.
Damián Chiurazzi, Agustina Anzoátegui,
Silvia de Urquia, Antonio Mónaco.
miércoles, 28 de abril de 2010
Próximas Funciones
martes, 23 de marzo de 2010
Nota en mdphoy.com
domingo, 21 de marzo de 2010
Inscripción 2010 - Taller de Teatro
miércoles, 17 de febrero de 2010
Fundamentación de la Mención "Premio José María Vilches"

viernes, 12 de febrero de 2010
Mención "José María Vilches"
miércoles, 13 de enero de 2010
Crítica de Adriana Derosa
"Nada de teatro"
El Teatro de la Universidad de Mar del Plata puso en escena “El miedo en tiempos de lluvia”, sobre textos de Bertolt Brecht, para contar el miedo como columna vertebral en una sociedad desintegrada. El miedo humano del que no se escapa nadie, teñido por acción de la sospecha.
“Nada de teatro”, es la frase con que los dos oficiales de la SA decoran la entrega de un cuerpo estéril, sellado en un féretro de zinc. “Nada de teatro”, dice el texto. Nada de sensiblería, nada de identificación con un héroe que haga saltar las lágrimas a los espectadores que crean por un momento que su historia es cierta. Nada de ese teatro. Ellos prohíben las demostraciones afectivas a los deudos, y la viuda obedece por miedo.
Se tata de una obra estructurada sobre ciertas escenas de “Terror y miserias del Tercer Reich”, la obra con la que Bertolt Brecht advertía a los espectadores qué era lo que estaba pasando en un país que le había dado a él la nacionalidad, y le daría el destierro. Terror y miseria, como una pareja de simultaneidades vinculadas causalmente, que se ven en la escena del dramaturgo, pionero en la demostración de una realidad fragmentaria. Hace todo lo posible por recordarle a su público que lo que está viendo no es cierto. El arte es una representación de la verdad mediatizada que servirá para tomar una posición crítica frente a lo que sucede. “Si el arte es bueno, siempre será entretenido”, dirá.
En este caso, la obra lleva el nombre de “El miedo en tiempos de lluvia”, y atiende especialmente a ese sentimiento dominante como eje de estructuración de unas formas de sociedad que resultan estar siempre “a punto de”, ¿a punto de qué? se preguntará el historiador. A punto de precisamente cualquier barbaridad. El miedo sostenido trae la desconfianza, que termina por aniquilar la red social.
Pero esta vez, la dirección de Antonio Mónaco ha acertado en seleccionar no sólo unos fragmentos, sino también una línea estética de sostén que permite ver a Brecht ochenta años después. Cuando el mundo es otro, y la sociedad, otra. El miedo de hoy sólo puede ser cubierto con ese manto de secreta piedad que despiertan los personajes que en otro tiempo sólo llamaban a la punzante crítica del dramaturgo alemán. La psicología ya ha hablado, y ya hemos comprendido que lo que es connatural al ser humano -aunque sea un sentimiento inducido- se nos hace francamente inevitable. No se puede ser más que humano. Ser ése que trata de sobreponerse al miedo, y de continuar su vida con el miedo como ladero inevitable.
De hecho, el profesor protagonista de la pieza continuó dando clases, a pesar del ambiente hostil de esta Alemania de la delación, que sería después el estigma de la crueldad.
Ya no hace falta que la puesta en escena brechtiana se declare rotundamente del lado de la ficción, no necesitamos que la parafernalia teatral chille y se vista de cartón pintado para sostener el extrañamiento. En el siglo XXI, estar viendo teatro independiente pone de pos sí al espectador en situación de extrañeza, nada se reconoce como conocido, no se pierde de vista la ficción. Porque el teatro independiente no puede sino sostener los principios brechtianos del antishow.
Más allá de esto, la estructura en dos niveles de acción colabora a apartarnos de la realidad tangible, ya que los fantasmas de los planos alternativos destrozan la sucesión temporal desde la reiteración y las grietas de la relación causa efecto, que sólo rige en el plano de los sucesos familiares de la escena central.
Sencilla de ver, como debía serlo. Difícil de desgranar, como era de esperarse. Una vez más, la dupla de actores paradigmáticos en la ciudad – Silvia de Urquía y el mismo Mónaco- da cátedra de teatro. Y cátedra también en su duro empecinamiento en pasarse la vida diciendo eso que quieren decir. Al mejor estilo Bertolt Brecht.
Adriana Derosa.
Periodista, crítica de espectáculos.
domingo, 10 de enero de 2010
Crítica de Gabriel Cabrejas
El miedo en tiempos de lluvia: BB según Antonio Mónaco
Escenas de la vida, privada
“Aquí están los delatores, los que acaban de cavar
La fosa del vecino. Fueron identificados, y ellos lo saben.
¿Será posible que la calle no lo olvide jamás?
No pueden conciliar el sueño,
Pero no todo ha terminado:
Cada noche que llega no es aún la última noche”
Bertolt Brecht
Menos conocida que Galileo o Madre coraje, no tan trasvasada a variados formatos como La ópera de dos centavos, los breves sketchs de Terror y miserias del Tercer Reich postulan al Bertold Brecht más brechtiano, si cabe la redundancia. Porque nada mejor que el envase mínimo para urdir el verfremdungseffekt, el efecto distanciamiento. Ya se sabe: rehusar el emocionalismo, la automática identificación entre personaje y espectador, el actor que se ve actuar –se comenta, exige del oyente raciocinio y autoconciencia, nunca catarsis. El texto espectacular no es un tear-jerker, un vaso de lágrimas que se bebe de un sorbo, remueve todo el dolor posible y a lo sumo se eructa. Brecht quería sacar a la gente a la calle a rebelarse, no a dormir plácidamente satisfechos en sus camas.
No tanto pretende nuestro Antonio Mónaco, pero tal cual lo expresa en su programa, “lo primero que debería hacer la sociedad es preguntarse quiénes la están acosando, acorralando, acribillando y hacia dónde querrán arriarla, enferma de miedo e indefensa”: dicho de otro modo, los tiempos de lluvia son los nuestros, no se necesita un Reich para moverse por lo que se teme en lugar de por lo que se ama. “Cuando toda la atención se pone en espiar al prójimo sospechándolo delator, no se proyecta la mirada hacia delante e imaginar, solidarios, un futuro común”.
Mónaco resuelve la puesta de episodios, pensados en sucesividad, de una manera realmente ingeniosa. Dada su miniatura –La delación ostenta una escasa página, Socorro de invierno apenas dos en su versión publicada—no justificaba la ilación y sí la simultaneidad, de forma que cada escena sirva de comentario y duplicación aumentativa de las otras dos, convivientes en el espacio. De paso, así logra el efecto “V”, o “D” para nosotros. En cuanto estamos a punto de conmovernos, de dejarnos llevar por la hipnótica pregnancia y dinamismo del conjunto, la escena paralela astilla el encantamiento y nos obliga a abrir los ojos en otras direcciones, a presenciar la que acaba de abrirse, y se cierra como una flor oscura y fugaz, en función de glosa y ampliación de lo que ocurre al lado.
Veamos. Escenario tripartito. En el centro, el espacio de lo real, la lectura de El soplón, o la pareja madura cuyo pánico ronda lo absurdo, que el inocente nietito que hace origami con una tijera sobre la alfombra, vaya y cuente, al atravesar el umbral, las críticas al gobierno por boca del abuelo, un intelectual opositor lleno de terror. A los flancos, dos templetes que penden de una delgada soga, uno muy alto a la izquierda del foro, otro a un metro del piso y delante de la primera fila: el espacio de lo fantasmal. En rigor, éstos remiten a aquél, todos son fantasmas, pero los hechos de ambos extremos explican la paranoia relativa ambiente, y la paranoia explica la manipulación sistemática del pavor como dispositivo de dominación totalitaria, de mayor eficacia práctica que la mística del líder, el odio masivo o la simple y llana estupidez. Recordemos el argumento, si puede llamarse, de los capítulos: La delación, diálogo crispado entre un hombre y una mujer acerca de un tercero al que “ellos se llevaron” y apalearon “por escuchar radios extranjeras”; Socorro, la falsa generosidad del Führer con los pobres, la bolsa de comida y ropa más “cinco marcos”, y la violencia frente a una anciana desvalida y su hija cuando se enteran de que la última anota en una libreta los aumentos de precios…
El miedo en tiempos de lluvia complementa el corpus de hallazgos de Mónaco al frente del Teatro Universitario, y sin embargo significa un paso arriba. Nos tiene habituados a metáforas complejas, que reinterpretan a Arlt (300 millones, 1992), Shakespeare (Macbeth, 94), Ionesco (Rinocerontes, 95), Monti (Visita, 2000), Kartun (Matrices, 2005) y hasta Sófocles (Antígona, 2003) y Eurípides (Las troyanas, 2008), y siempre supimos que no invocaba en vano clásicos sino reconfiguraba el presente, aclaraba, muchas veces mediante los programas, una sutil oblicuidad hacia el tiempo de hoy, de cada hoy referencial. Pues bien, también acá queda clarísima la intención, pero la mise incluye un progreso más sin abandonar su propia estética. Le faltaba un BB a Mónaco para confirmarlo el único director marplatense transformador de los textos canónicos de la dramaturgia universal, y ha operado al viejo alemán con un escalpelo absolutamente nuevo. Por empezar, primera vez que elige la obra de corta duración, y el procedimiento compacta la intensidad. Y aumenta los elementos de muy distinto origen vanguardista: los SA y sus víctimas reptan, desarticulados, entre los muebles y el piso antes de vestirse –ahí vemos que dos de ellos, de tenebroso negro, se calzan las macabras jinetas, alimentando el distanciamiento; son siempre actores--, de pronto y sin aviso la esposa del catedrático acaricia un inexistente ataúd, demora deliberadamente el comienzo mientras escuchamos la ponzoñosa lluvia en off y notamos los rostros nerviosos a la espera de lo peor, se enciende un cigarrillo y la iluminación se desploma dejando el tizón solitario en la oscuridad. El detalle se muestra tan elaborado como el resto, las desharrapadas del costado derecho mascan unas manzanas… teñidas de negro.
El team actoral acentúa la homogeneidad que es en AM marca de fábrica. Silvia Urquía se luce en todos los registros, lo que a esta altura parece un pleonasmo. Agustina Anzoátegui, Damián Chiurazzi, Agustín Barovero, Simón Koch, Beatriz Moriondo y Marcela Cardoso despliegan una apretada exactitud sin aspavientos. Ninguno se queda junto a Mónaco, porque los adiestra tan bien que aprenden a caminar solos. Ahí están Jorge Frontera y Pedro Benítez, antes parte de su elenco, y su inmediata carrera exitosa. Incluso el niño Klaus (Lautaro Padín), improbable delator, es hijo de actores, del gran Esteban Padín y Carla Rossi. Todo un recuerdo del futuro.
A Mónaco, en síntesis, le faltaba un Brecht. No exageramos la apología al decir que, desde nuestro pequeño balneario cultural, a Brecht le faltaba su Mónaco. El cual, veterano y joven, sigue haciendo lo que mejor sabe, seguir superándose a sí mismo.
Gabriel Cabrejas
Periodista. Crítico teatral. Investigador.











